No te voy a mentir. Es cierto. Por un momento, aunque fuese un segundo, llegue a pensar que tú podrías ser la excepción. Que tú podrías ser diferente a los demás. Pero me he dando cuenta que no. Que por mucho que llegue a convencerme a mí misma, todos sois iguales. Y me da igual si decís que estoy cometiendo una falacia, porque a estas alturas ni eso me importa. Pero no te creas que vaya a estar dolida, no, más bien decepcionada contigo. Que, sinceramente, creo que es peor.